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Los defectos de refracción son los problemas más frecuentes de la visión y se corrigen fácilmente con gafas o lentes de contacto. Cada uno se produce porque el ojo no enfoca la luz de forma adecuada sobre la retina.
La miopía provoca visión borrosa de lejos, aunque de cerca se ve bien. Es muy frecuente en niños y adolescentes. En algunos casos puede ser miopía progresiva, cuando aumenta rápidamente durante la infancia y adolescencia.
La hipermetropía dificulta la visión de cerca y, en algunos casos, también la de lejos. Puede producir cansancio visual, dolor de cabeza y problemas de concentración en la lectura.
Conocida como vista cansada, la presbicia aparece a partir de los 40-45 años. Se debe a la pérdida natural de la capacidad del cristalino para enfocar de cerca, lo que obliga a usar gafas para leer o mirar el móvil.
El astigmatismo se produce cuando la córnea tiene una curvatura irregular, lo que provoca visión borrosa o distorsionada tanto de lejos como de cerca. A menudo se combina con miopía o hipermetropía.
El ojo vago, conocido médicamente como ambliopía, es un problema visual que aparece en la infancia cuando uno de los ojos no desarrolla correctamente la visión. No se trata de un problema de graduación (gafas), sino de un fallo en el desarrollo visual del cerebro.
Las causas más frecuentes son:
Estrabismo (desviación de los ojos).
Diferencia de graduación entre ambos ojos (uno ve peor que el otro).
Problemas en la transparencia ocular (catarata congénita, opacidades corneales, caída de párpado).
El niño puede no notar nada, ya que el ojo sano compensa la visión. A veces se sospecha porque tuerce un ojo, se acerca mucho a los objetos o no rinde bien en tareas que requieren buena visión.
El tratamiento debe hacerse durante la infancia, ya que el desarrollo visual ocurre hasta los 8-9 años. Incluye:
Corrección con gafas o lentes de contacto.
Oclusión (parche en el ojo bueno) para estimular al ojo vago.
Terapia visual personalizada para mejorar la coordinación de ambos ojos.
Detectar y tratar el ojo vago a tiempo es fundamental para conseguir una buena visión en ambos ojos en la vida adulta.
El estrabismo es una condición visual en la que los ojos no están alineados correctamente y apuntan en direcciones diferentes. Esto puede hacer que uno de los ojos se desvíe hacia adentro, hacia afuera, hacia arriba o hacia abajo, mientras que el otro mira al frente.
El estrabismo sucede cuando los músculos que controlan el movimiento de los ojos no trabajan en equipo o están desequilibrados. Esto puede deberse a causas hereditarias, problemas neurológicos, o estar asociado a defectos de refracción no corregidos.
Desviación visible de uno o ambos ojos.
Visión doble o dificultad para enfocar bien.
Pérdida de percepción de profundidad (problemas para calcular distancias).
En niños, a veces puede pasar desapercibido si el cerebro ignora la imagen del ojo desviado.
El estrabismo se detecta con un examen ocular completo que incluye la observación de la posición y movimiento de los ojos, pruebas de coordinación y de la visión binocular (cómo trabajan juntos los dos ojos).
Detectar el estrabismo a tiempo es importante porque puede afectar la visión y el desarrollo visual si no se trata adecuadamente.
El glaucoma es una enfermedad ocular que afecta el nervio óptico, responsable de transmitir la información visual al cerebro. Suele estar relacionada con una presión intraocular elevada que puede dañar el nervio, aunque también puede presentarse con presiones normales.
El glaucoma puede progresar lentamente y, si no se detecta a tiempo, puede causar pérdida irreversible de visión e incluso ceguera. Por eso, realizar revisiones periódicas y pruebas específicas es fundamental para identificarlo lo antes posible.
El diagnóstico se realiza mediante un examen completo que incluye:
Medición de la presión intraocular.
Evaluación del nervio óptico con técnicas de imagen.
Pruebas del campo visual para detectar zonas de pérdida visual.
TearLab es un dispositivo utilizado para evaluar la calidad y cantidad de la lágrima en la superficie ocular, midiendo parámetros que ayudan a diagnosticar y controlar el ojo seco, una condición muy común en pacientes con glaucoma, especialmente en aquellos que usan gotas oftálmicas para controlar la presión.
TearLab aporta información importante para mejorar el cuidado y el confort ocular en estos pacientes, ya que el ojo seco puede afectar la calidad de vida y la eficacia del tratamiento.
El campo visual o campimetría es una prueba fundamental para evaluar la visión periférica, es decir, todo lo que podemos ver alrededor sin mover los ojos. Se utiliza especialmente en pacientes con glaucoma o enfermedades neurológicas como infartos cerebrales, tumores o ictus.
Durante la prueba, se tapa un ojo y se mira fijamente al centro de una pantalla donde aparecen puntitos de luz en diferentes zonas. Si se ve un puntito, se debe pulsar un botón; si no, no se pulsa.
El resultado se muestra en un dibujo donde:
Los puntos negros indican zonas donde el paciente no ha visto la luz (llamadas manchas ciegas).
Los puntos blancos o claros son las zonas donde la visión es normal.
Colaboración del paciente: Si la prueba no se realiza bien, por cansancio o falta de atención, los resultados pueden no ser fiables. Por ejemplo, el “pulsador feliz” es cuando el paciente pulsa sin que aparezcan luces, lo que puede dar resultados incorrectos.
Patrones típicos:
Patrón en trébol: Cuando el paciente se cansa, suele pulsar bien al principio (zona central) y luego no en la periferia.
Defectos periféricos o artefactos: Pueden deberse a párpados caídos, gafas mal colocadas o mala posición durante la prueba y no indican problemas reales.
Escotoma arciforme: Zonas negras en forma de arco que suelen aparecer en el glaucoma y empiezan cerca de la mancha ciega, extendiéndose hacia la periferia.
Escotoma paracentral o central: Defectos en la visión cercana al centro, que afectan más la visión y requieren seguimiento estrecho.
Cuadrantanopsias y hemianopsias: Defectos en un cuarto o mitad del campo visual, suelen deberse a lesiones neurológicas.
El campo visual depende mucho de la colaboración del paciente, por eso se suelen repetir varias veces para confirmar si hay una verdadera evolución, ya sea mejora o empeoramiento.
Un índice llamado VFI (Índice de Función Visual) nos muestra, en porcentaje, cuánto ve el paciente en la periferia.
Si el VFI baja con el tiempo, indica que la visión está empeorando.
Si sube, es posible que el paciente esté mejorando gracias al tratamiento o que haya aprendido a hacer la prueba mejor.
En nuestra clínica queremos ayudarte a reconocer cuándo una situación ocular requiere atención urgente y cuándo puedes esperar a una revisión con tu oftalmólogo o optometrista. Actuar a tiempo puede evitar complicaciones y preservar tu visión.
Cuándo acudir de inmediato a urgencias:
Pérdida súbita o muy rápida de visión en uno o ambos ojos.
Dolor intenso en el ojo que no mejora con analgésicos, especialmente si va acompañado de enrojecimiento.
Ojo rojo con secreción abundante o supuración, sobre todo si notas inflamación alrededor.
Herida o golpe fuerte en el ojo o en la zona alrededor del ojo.
Entrada de un cuerpo extraño en el ojo que no puedas retirar con lágrimas o lavado.
Destellos de luz, muchas “moscas volantes” o sombra/velo que tapa parte de la visión de forma brusca.
Doble visión repentina, caída de párpado o desviación de un ojo que aparece de forma súbita.
Sensación de tener arena o quemazón muy intensa y continua en el ojo.
Cuándo no es urgente, pero debes pedir cita pronto:
Molestias leves oculares que no mejoran en pocos días.
Visión borrosa gradual o cambios en la graduación de tus gafas.
Ojos secos o irritados persistentes.
Lagrimeo o enrojecimiento sin dolor intenso ni pérdida de visión.
Molestias oculares tras el uso de lentillas.
Párpados inflamados o irritados de forma leve o moderada.
Recuerda: Ante cualquier duda, es mejor consultar para evitar complicaciones. En nuestra clínica estamos preparados para atender urgencias o derivarte al servicio adecuado si fuera necesario.
El estrabismo es la falta de alineación de los ojos, que puede aparecer en la infancia o en la edad adulta. Produce visión desviada, pérdida de visión binocular y en algunos casos visión doble. En el Instituto Nacional de la Visión ofrecemos tres tratamientos principales, que se adaptan a cada paciente según el tipo de estrabismo y su evolución:
La cirugía de estrabismo corrige la posición de los músculos oculares para alinear los ojos. El objetivo es equilibrar la fuerza de los músculos que mueven el ojo hacia dentro, fuera, arriba o abajo. Se realiza en quirófano y suele ser una intervención segura y eficaz, especialmente en casos en los que otros tratamientos no son suficientes.
La inyección de toxina botulínica es un tratamiento mínimamente invasivo que debilita de forma temporal el músculo ocular que está demasiado fuerte. Durante ese tiempo, el músculo contrario se refuerza, logrando que el ojo quede alineado de manera más duradera.
Se utiliza con frecuencia en niños pequeños, en estrabismos de reciente aparición, variables o asociados a problemas neurológicos (como parálisis cerebral). Es un procedimiento sencillo y seguro, que en algunos casos evita o retrasa la cirugía.
La terapia visual consiste en un programa de ejercicios personalizados para enseñar a los ojos y al cerebro a trabajar juntos. Suele realizarse después de la cirugía de estrabismo o en combinación con otros tratamientos, mejorando la coordinación ocular y la recuperación visual.
Diversos estudios muestran que los resultados son mejores cuando la cirugía se combina con terapia visual, especialmente en niños.
La miopía es un defecto visual que provoca visión borrosa de lejos. En los últimos años, su frecuencia ha aumentado en niños y adolescentes, y cada vez es más importante aplicar tratamientos que no solo corrijan la visión, sino que también ayuden a frenar su progresión.
En el Instituto Nacional de la Visión ofrecemos diferentes opciones adaptadas a cada paciente:
Las gafas bifocales combinan dos graduaciones en la misma lente: la parte superior para ver de lejos y la inferior para leer o mirar de cerca. En algunos casos de miopía infantil, se utilizan para reducir el esfuerzo visual en tareas de cerca y ayudar a controlar la progresión de la miopía.
La ortoqueratología consiste en el uso de lentes de contacto rígidas especiales que se colocan por la noche mientras el paciente duerme. Estas lentes moldean la córnea de manera temporal, de modo que durante el día se puede ver bien sin necesidad de gafas ni lentillas. Además de corregir la visión, la orto-K ha demostrado ser eficaz en el control de la progresión de la miopía en niños y adolescentes.
La atropina en colirio (a concentraciones muy bajas) es un tratamiento que ha demostrado frenar la progresión de la miopía infantil. Se aplica bajo control oftalmológico y suele combinarse con revisiones periódicas y otras medidas para el cuidado de la salud visual.
La catarata es la pérdida de transparencia del cristalino, la lente natural del ojo que nos permite enfocar. Cuando el cristalino se vuelve opaco, la visión se vuelve borrosa, se pierde nitidez y aparecen síntomas como deslumbramientos, dificultad para leer, conducir o reconocer caras.
Todas las personas desarrollarán cataratas si viven lo suficiente, pero no todas necesitan operarse al mismo tiempo. La cirugía se recomienda cuando la catarata interfiere en la calidad de vida, es decir, cuando la visión ya no permite realizar actividades cotidianas como leer, conducir o ver la televisión.
La operación de cataratas es un procedimiento seguro y eficaz. Consiste en extraer el cristalino opaco y sustituirlo por una lente intraocular transparente, adaptada a las necesidades visuales de cada paciente.
La intervención se realiza normalmente con anestesia en gotas y no requiere ingreso hospitalario. La recuperación visual suele ser rápida.
En función de cada caso, se pueden implantar diferentes tipos de lentes:
Monofocales: permiten ver bien de lejos, pero requieren gafas para cerca.
Bifocales: mejoran la visión de lejos y a media distancia (ordenador), con menos necesidad de gafas.
Trifocales: ofrecen buena visión de lejos, intermedia y cercana, reduciendo la dependencia de gafas.
En la mayoría de los casos, la cirugía de cataratas no es urgente. La catarata suele evolucionar lentamente, por lo que el oftalmólogo valorará el momento adecuado para la intervención. Retrasarla demasiado puede complicar la cirugía, por eso es importante seguir las recomendaciones médicas.
La retina es la capa del ojo encargada de captar la luz y enviar la información al cerebro. Cuando se ve afectada por alguna enfermedad, la visión puede deteriorarse de forma progresiva. En el Instituto Nacional de la Visión ofrecemos un abordaje especializado para patologías como la degeneración macular, la retinopatía diabética y problemas de párpados asociados a parálisis cerebral infantil.
La degeneración macular es una enfermedad que afecta a la parte central de la retina (mácula), encargada de la visión nítida y de los detalles. Puede producir visión borrosa, dificultad para leer o reconocer caras y, en fases avanzadas, pérdida de la visión central.
El diagnóstico precoz es fundamental, y existen tratamientos que ayudan a frenar su progresión y mejorar la calidad de vida del paciente.
La retinopatía diabética es una complicación frecuente de la diabetes. Se produce cuando los vasos sanguíneos de la retina se dañan, lo que puede provocar hemorragias, visión borrosa o pérdida visual.
Con revisiones periódicas y un control adecuado de la diabetes, es posible detectar a tiempo los cambios en la retina y aplicar tratamientos como láser o inyecciones intravítreas para preservar la visión.
En niños con parálisis cerebral, los párpados pueden presentar alteraciones en su movilidad, lo que dificulta la apertura o el cierre normal de los ojos. Esto puede afectar al desarrollo visual y a la calidad de vida del paciente.
En nuestra clínica realizamos un diagnóstico especializado y ofrecemos soluciones adaptadas para mejorar la función de los párpados y proteger la visión de los más pequeños.
La neuritis óptica es una inflamación del nervio óptico, el “cable” que conecta el ojo con el cerebro y transmite la información visual. Cuando se inflama, la visión se ve afectada.
Pérdida de visión en un ojo (a veces repentina o progresiva).
Dolor ocular, sobre todo al mover el ojo.
Alteración en los colores, que se ven más apagados o diferentes.
Mayor sensibilidad a la luz o visión borrosa.
Estos síntomas suelen aparecer en personas jóvenes y generan preocupación, pero en muchos casos la recuperación es posible.
Para diagnosticar la neuritis óptica, el oftalmólogo realiza una revisión completa de la visión, pruebas de campo visual, fotografías del nervio óptico y, en ocasiones, estudios de imagen como la resonancia magnética. También pueden solicitarse análisis de sangre para descartar enfermedades autoinmunes o infecciosas.
El tratamiento depende de la causa. En algunos pacientes la visión mejora de forma espontánea, mientras que en otros es necesario administrar medicación (como corticoides) para acelerar la recuperación. El seguimiento médico es fundamental para evitar complicaciones y valorar la evolución.
En el Instituto Nacional de la Visión contamos con especialistas en oftalmología infantil y en patologías del nervio óptico. Si notas pérdida repentina de visión o dolor ocular, es importante acudir cuanto antes a una revisión para obtener un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado.
Los defectos de refracción son los problemas más frecuentes de la visión y se corrigen fácilmente con gafas o lentes de contacto. Cada uno se produce porque el ojo no enfoca la luz de forma adecuada sobre la retina.
La miopía provoca visión borrosa de lejos, aunque de cerca se ve bien. Es muy frecuente en niños y adolescentes. En algunos casos puede ser miopía progresiva, cuando aumenta rápidamente durante la infancia y adolescencia.
La hipermetropía dificulta la visión de cerca y, en algunos casos, también la de lejos. Puede producir cansancio visual, dolor de cabeza y problemas de concentración en la lectura.
Conocida como vista cansada, la presbicia aparece a partir de los 40-45 años. Se debe a la pérdida natural de la capacidad del cristalino para enfocar de cerca, lo que obliga a usar gafas para leer o mirar el móvil.
El astigmatismo se produce cuando la córnea tiene una curvatura irregular, lo que provoca visión borrosa o distorsionada tanto de lejos como de cerca. A menudo se combina con miopía o hipermetropía.
El ojo vago, conocido médicamente como ambliopía, es un problema visual que aparece en la infancia cuando uno de los ojos no desarrolla correctamente la visión. No se trata de un problema de graduación (gafas), sino de un fallo en el desarrollo visual del cerebro.
Las causas más frecuentes son:
Estrabismo (desviación de los ojos).
Diferencia de graduación entre ambos ojos (uno ve peor que el otro).
Problemas en la transparencia ocular (catarata congénita, opacidades corneales, caída de párpado).
El niño puede no notar nada, ya que el ojo sano compensa la visión. A veces se sospecha porque tuerce un ojo, se acerca mucho a los objetos o no rinde bien en tareas que requieren buena visión.
El tratamiento debe hacerse durante la infancia, ya que el desarrollo visual ocurre hasta los 8-9 años. Incluye:
Corrección con gafas o lentes de contacto.
Oclusión (parche en el ojo bueno) para estimular al ojo vago.
Terapia visual personalizada para mejorar la coordinación de ambos ojos.
Detectar y tratar el ojo vago a tiempo es fundamental para conseguir una buena visión en ambos ojos en la vida adulta.
El estrabismo es una condición visual en la que los ojos no están alineados correctamente y apuntan en direcciones diferentes. Esto puede hacer que uno de los ojos se desvíe hacia adentro, hacia afuera, hacia arriba o hacia abajo, mientras que el otro mira al frente.
El estrabismo sucede cuando los músculos que controlan el movimiento de los ojos no trabajan en equipo o están desequilibrados. Esto puede deberse a causas hereditarias, problemas neurológicos, o estar asociado a defectos de refracción no corregidos.
Desviación visible de uno o ambos ojos.
Visión doble o dificultad para enfocar bien.
Pérdida de percepción de profundidad (problemas para calcular distancias).
En niños, a veces puede pasar desapercibido si el cerebro ignora la imagen del ojo desviado.
El estrabismo se detecta con un examen ocular completo que incluye la observación de la posición y movimiento de los ojos, pruebas de coordinación y de la visión binocular (cómo trabajan juntos los dos ojos).
Detectar el estrabismo a tiempo es importante porque puede afectar la visión y el desarrollo visual si no se trata adecuadamente.
El glaucoma es una enfermedad ocular que afecta el nervio óptico, responsable de transmitir la información visual al cerebro. Suele estar relacionada con una presión intraocular elevada que puede dañar el nervio, aunque también puede presentarse con presiones normales.
El glaucoma puede progresar lentamente y, si no se detecta a tiempo, puede causar pérdida irreversible de visión e incluso ceguera. Por eso, realizar revisiones periódicas y pruebas específicas es fundamental para identificarlo lo antes posible.
El diagnóstico se realiza mediante un examen completo que incluye:
Medición de la presión intraocular.
Evaluación del nervio óptico con técnicas de imagen.
Pruebas del campo visual para detectar zonas de pérdida visual.
TearLab es un dispositivo utilizado para evaluar la calidad y cantidad de la lágrima en la superficie ocular, midiendo parámetros que ayudan a diagnosticar y controlar el ojo seco, una condición muy común en pacientes con glaucoma, especialmente en aquellos que usan gotas oftálmicas para controlar la presión.
TearLab aporta información importante para mejorar el cuidado y el confort ocular en estos pacientes, ya que el ojo seco puede afectar la calidad de vida y la eficacia del tratamiento.
El campo visual o campimetría es una prueba fundamental para evaluar la visión periférica, es decir, todo lo que podemos ver alrededor sin mover los ojos. Se utiliza especialmente en pacientes con glaucoma o enfermedades neurológicas como infartos cerebrales, tumores o ictus.
Durante la prueba, se tapa un ojo y se mira fijamente al centro de una pantalla donde aparecen puntitos de luz en diferentes zonas. Si se ve un puntito, se debe pulsar un botón; si no, no se pulsa.
El resultado se muestra en un dibujo donde:
Los puntos negros indican zonas donde el paciente no ha visto la luz (llamadas manchas ciegas).
Los puntos blancos o claros son las zonas donde la visión es normal.
Colaboración del paciente: Si la prueba no se realiza bien, por cansancio o falta de atención, los resultados pueden no ser fiables. Por ejemplo, el “pulsador feliz” es cuando el paciente pulsa sin que aparezcan luces, lo que puede dar resultados incorrectos.
Patrones típicos:
Patrón en trébol: Cuando el paciente se cansa, suele pulsar bien al principio (zona central) y luego no en la periferia.
Defectos periféricos o artefactos: Pueden deberse a párpados caídos, gafas mal colocadas o mala posición durante la prueba y no indican problemas reales.
Escotoma arciforme: Zonas negras en forma de arco que suelen aparecer en el glaucoma y empiezan cerca de la mancha ciega, extendiéndose hacia la periferia.
Escotoma paracentral o central: Defectos en la visión cercana al centro, que afectan más la visión y requieren seguimiento estrecho.
Cuadrantanopsias y hemianopsias: Defectos en un cuarto o mitad del campo visual, suelen deberse a lesiones neurológicas.
El campo visual depende mucho de la colaboración del paciente, por eso se suelen repetir varias veces para confirmar si hay una verdadera evolución, ya sea mejora o empeoramiento.
Un índice llamado VFI (Índice de Función Visual) nos muestra, en porcentaje, cuánto ve el paciente en la periferia.
Si el VFI baja con el tiempo, indica que la visión está empeorando.
Si sube, es posible que el paciente esté mejorando gracias al tratamiento o que haya aprendido a hacer la prueba mejor.
En nuestra clínica queremos ayudarte a reconocer cuándo una situación ocular requiere atención urgente y cuándo puedes esperar a una revisión con tu oftalmólogo o optometrista. Actuar a tiempo puede evitar complicaciones y preservar tu visión.
Cuándo acudir de inmediato a urgencias:
Pérdida súbita o muy rápida de visión en uno o ambos ojos.
Dolor intenso en el ojo que no mejora con analgésicos, especialmente si va acompañado de enrojecimiento.
Ojo rojo con secreción abundante o supuración, sobre todo si notas inflamación alrededor.
Herida o golpe fuerte en el ojo o en la zona alrededor del ojo.
Entrada de un cuerpo extraño en el ojo que no puedas retirar con lágrimas o lavado.
Destellos de luz, muchas “moscas volantes” o sombra/velo que tapa parte de la visión de forma brusca.
Doble visión repentina, caída de párpado o desviación de un ojo que aparece de forma súbita.
Sensación de tener arena o quemazón muy intensa y continua en el ojo.
Cuándo no es urgente, pero debes pedir cita pronto:
Molestias leves oculares que no mejoran en pocos días.
Visión borrosa gradual o cambios en la graduación de tus gafas.
Ojos secos o irritados persistentes.
Lagrimeo o enrojecimiento sin dolor intenso ni pérdida de visión.
Molestias oculares tras el uso de lentillas.
Párpados inflamados o irritados de forma leve o moderada.
Recuerda: Ante cualquier duda, es mejor consultar para evitar complicaciones. En nuestra clínica estamos preparados para atender urgencias o derivarte al servicio adecuado si fuera necesario.
El estrabismo es la falta de alineación de los ojos, que puede aparecer en la infancia o en la edad adulta. Produce visión desviada, pérdida de visión binocular y en algunos casos visión doble. En el Instituto Nacional de la Visión ofrecemos tres tratamientos principales, que se adaptan a cada paciente según el tipo de estrabismo y su evolución:
La cirugía de estrabismo corrige la posición de los músculos oculares para alinear los ojos. El objetivo es equilibrar la fuerza de los músculos que mueven el ojo hacia dentro, fuera, arriba o abajo. Se realiza en quirófano y suele ser una intervención segura y eficaz, especialmente en casos en los que otros tratamientos no son suficientes.
La inyección de toxina botulínica es un tratamiento mínimamente invasivo que debilita de forma temporal el músculo ocular que está demasiado fuerte. Durante ese tiempo, el músculo contrario se refuerza, logrando que el ojo quede alineado de manera más duradera.
Se utiliza con frecuencia en niños pequeños, en estrabismos de reciente aparición, variables o asociados a problemas neurológicos (como parálisis cerebral). Es un procedimiento sencillo y seguro, que en algunos casos evita o retrasa la cirugía.
La terapia visual consiste en un programa de ejercicios personalizados para enseñar a los ojos y al cerebro a trabajar juntos. Suele realizarse después de la cirugía de estrabismo o en combinación con otros tratamientos, mejorando la coordinación ocular y la recuperación visual.
Diversos estudios muestran que los resultados son mejores cuando la cirugía se combina con terapia visual, especialmente en niños.
La miopía es un defecto visual que provoca visión borrosa de lejos. En los últimos años, su frecuencia ha aumentado en niños y adolescentes, y cada vez es más importante aplicar tratamientos que no solo corrijan la visión, sino que también ayuden a frenar su progresión.
En el Instituto Nacional de la Visión ofrecemos diferentes opciones adaptadas a cada paciente:
Las gafas bifocales combinan dos graduaciones en la misma lente: la parte superior para ver de lejos y la inferior para leer o mirar de cerca. En algunos casos de miopía infantil, se utilizan para reducir el esfuerzo visual en tareas de cerca y ayudar a controlar la progresión de la miopía.
La ortoqueratología consiste en el uso de lentes de contacto rígidas especiales que se colocan por la noche mientras el paciente duerme. Estas lentes moldean la córnea de manera temporal, de modo que durante el día se puede ver bien sin necesidad de gafas ni lentillas. Además de corregir la visión, la orto-K ha demostrado ser eficaz en el control de la progresión de la miopía en niños y adolescentes.
La atropina en colirio (a concentraciones muy bajas) es un tratamiento que ha demostrado frenar la progresión de la miopía infantil. Se aplica bajo control oftalmológico y suele combinarse con revisiones periódicas y otras medidas para el cuidado de la salud visual.
La catarata es la pérdida de transparencia del cristalino, la lente natural del ojo que nos permite enfocar. Cuando el cristalino se vuelve opaco, la visión se vuelve borrosa, se pierde nitidez y aparecen síntomas como deslumbramientos, dificultad para leer, conducir o reconocer caras.
Todas las personas desarrollarán cataratas si viven lo suficiente, pero no todas necesitan operarse al mismo tiempo. La cirugía se recomienda cuando la catarata interfiere en la calidad de vida, es decir, cuando la visión ya no permite realizar actividades cotidianas como leer, conducir o ver la televisión.
La operación de cataratas es un procedimiento seguro y eficaz. Consiste en extraer el cristalino opaco y sustituirlo por una lente intraocular transparente, adaptada a las necesidades visuales de cada paciente.
La intervención se realiza normalmente con anestesia en gotas y no requiere ingreso hospitalario. La recuperación visual suele ser rápida.
En función de cada caso, se pueden implantar diferentes tipos de lentes:
Monofocales: permiten ver bien de lejos, pero requieren gafas para cerca.
Bifocales: mejoran la visión de lejos y a media distancia (ordenador), con menos necesidad de gafas.
Trifocales: ofrecen buena visión de lejos, intermedia y cercana, reduciendo la dependencia de gafas.
En la mayoría de los casos, la cirugía de cataratas no es urgente. La catarata suele evolucionar lentamente, por lo que el oftalmólogo valorará el momento adecuado para la intervención. Retrasarla demasiado puede complicar la cirugía, por eso es importante seguir las recomendaciones médicas.
La retina es la capa del ojo encargada de captar la luz y enviar la información al cerebro. Cuando se ve afectada por alguna enfermedad, la visión puede deteriorarse de forma progresiva. En el Instituto Nacional de la Visión ofrecemos un abordaje especializado para patologías como la degeneración macular, la retinopatía diabética y problemas de párpados asociados a parálisis cerebral infantil.
La degeneración macular es una enfermedad que afecta a la parte central de la retina (mácula), encargada de la visión nítida y de los detalles. Puede producir visión borrosa, dificultad para leer o reconocer caras y, en fases avanzadas, pérdida de la visión central.
El diagnóstico precoz es fundamental, y existen tratamientos que ayudan a frenar su progresión y mejorar la calidad de vida del paciente.
La retinopatía diabética es una complicación frecuente de la diabetes. Se produce cuando los vasos sanguíneos de la retina se dañan, lo que puede provocar hemorragias, visión borrosa o pérdida visual.
Con revisiones periódicas y un control adecuado de la diabetes, es posible detectar a tiempo los cambios en la retina y aplicar tratamientos como láser o inyecciones intravítreas para preservar la visión.
En niños con parálisis cerebral, los párpados pueden presentar alteraciones en su movilidad, lo que dificulta la apertura o el cierre normal de los ojos. Esto puede afectar al desarrollo visual y a la calidad de vida del paciente.
En nuestra clínica realizamos un diagnóstico especializado y ofrecemos soluciones adaptadas para mejorar la función de los párpados y proteger la visión de los más pequeños.
La neuritis óptica es una inflamación del nervio óptico, el “cable” que conecta el ojo con el cerebro y transmite la información visual. Cuando se inflama, la visión se ve afectada.
Pérdida de visión en un ojo (a veces repentina o progresiva).
Dolor ocular, sobre todo al mover el ojo.
Alteración en los colores, que se ven más apagados o diferentes.
Mayor sensibilidad a la luz o visión borrosa.
Estos síntomas suelen aparecer en personas jóvenes y generan preocupación, pero en muchos casos la recuperación es posible.
Para diagnosticar la neuritis óptica, el oftalmólogo realiza una revisión completa de la visión, pruebas de campo visual, fotografías del nervio óptico y, en ocasiones, estudios de imagen como la resonancia magnética. También pueden solicitarse análisis de sangre para descartar enfermedades autoinmunes o infecciosas.
El tratamiento depende de la causa. En algunos pacientes la visión mejora de forma espontánea, mientras que en otros es necesario administrar medicación (como corticoides) para acelerar la recuperación. El seguimiento médico es fundamental para evitar complicaciones y valorar la evolución.
En el Instituto Nacional de la Visión contamos con especialistas en oftalmología infantil y en patologías del nervio óptico. Si notas pérdida repentina de visión o dolor ocular, es importante acudir cuanto antes a una revisión para obtener un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado.
Los defectos de refracción son los problemas más frecuentes de la visión y se corrigen fácilmente con gafas o lentes de contacto. Cada uno se produce porque el ojo no enfoca la luz de forma adecuada sobre la retina.
La miopía provoca visión borrosa de lejos, aunque de cerca se ve bien. Es muy frecuente en niños y adolescentes. En algunos casos puede ser miopía progresiva, cuando aumenta rápidamente durante la infancia y adolescencia.
La hipermetropía dificulta la visión de cerca y, en algunos casos, también la de lejos. Puede producir cansancio visual, dolor de cabeza y problemas de concentración en la lectura.
Conocida como vista cansada, la presbicia aparece a partir de los 40-45 años. Se debe a la pérdida natural de la capacidad del cristalino para enfocar de cerca, lo que obliga a usar gafas para leer o mirar el móvil.
El astigmatismo se produce cuando la córnea tiene una curvatura irregular, lo que provoca visión borrosa o distorsionada tanto de lejos como de cerca. A menudo se combina con miopía o hipermetropía.
El ojo vago, conocido médicamente como ambliopía, es un problema visual que aparece en la infancia cuando uno de los ojos no desarrolla correctamente la visión. No se trata de un problema de graduación (gafas), sino de un fallo en el desarrollo visual del cerebro.
Las causas más frecuentes son:
Estrabismo (desviación de los ojos).
Diferencia de graduación entre ambos ojos (uno ve peor que el otro).
Problemas en la transparencia ocular (catarata congénita, opacidades corneales, caída de párpado).
El niño puede no notar nada, ya que el ojo sano compensa la visión. A veces se sospecha porque tuerce un ojo, se acerca mucho a los objetos o no rinde bien en tareas que requieren buena visión.
El tratamiento debe hacerse durante la infancia, ya que el desarrollo visual ocurre hasta los 8-9 años. Incluye:
Corrección con gafas o lentes de contacto.
Oclusión (parche en el ojo bueno) para estimular al ojo vago.
Terapia visual personalizada para mejorar la coordinación de ambos ojos.
Detectar y tratar el ojo vago a tiempo es fundamental para conseguir una buena visión en ambos ojos en la vida adulta.
El estrabismo es una condición visual en la que los ojos no están alineados correctamente y apuntan en direcciones diferentes. Esto puede hacer que uno de los ojos se desvíe hacia adentro, hacia afuera, hacia arriba o hacia abajo, mientras que el otro mira al frente.
El estrabismo sucede cuando los músculos que controlan el movimiento de los ojos no trabajan en equipo o están desequilibrados. Esto puede deberse a causas hereditarias, problemas neurológicos, o estar asociado a defectos de refracción no corregidos.
Desviación visible de uno o ambos ojos.
Visión doble o dificultad para enfocar bien.
Pérdida de percepción de profundidad (problemas para calcular distancias).
En niños, a veces puede pasar desapercibido si el cerebro ignora la imagen del ojo desviado.
El estrabismo se detecta con un examen ocular completo que incluye la observación de la posición y movimiento de los ojos, pruebas de coordinación y de la visión binocular (cómo trabajan juntos los dos ojos).
Detectar el estrabismo a tiempo es importante porque puede afectar la visión y el desarrollo visual si no se trata adecuadamente.
El glaucoma es una enfermedad ocular que afecta el nervio óptico, responsable de transmitir la información visual al cerebro. Suele estar relacionada con una presión intraocular elevada que puede dañar el nervio, aunque también puede presentarse con presiones normales.
El glaucoma puede progresar lentamente y, si no se detecta a tiempo, puede causar pérdida irreversible de visión e incluso ceguera. Por eso, realizar revisiones periódicas y pruebas específicas es fundamental para identificarlo lo antes posible.
El diagnóstico se realiza mediante un examen completo que incluye:
Medición de la presión intraocular.
Evaluación del nervio óptico con técnicas de imagen.
Pruebas del campo visual para detectar zonas de pérdida visual.
TearLab es un dispositivo utilizado para evaluar la calidad y cantidad de la lágrima en la superficie ocular, midiendo parámetros que ayudan a diagnosticar y controlar el ojo seco, una condición muy común en pacientes con glaucoma, especialmente en aquellos que usan gotas oftálmicas para controlar la presión.
TearLab aporta información importante para mejorar el cuidado y el confort ocular en estos pacientes, ya que el ojo seco puede afectar la calidad de vida y la eficacia del tratamiento.
El campo visual o campimetría es una prueba fundamental para evaluar la visión periférica, es decir, todo lo que podemos ver alrededor sin mover los ojos. Se utiliza especialmente en pacientes con glaucoma o enfermedades neurológicas como infartos cerebrales, tumores o ictus.
Durante la prueba, se tapa un ojo y se mira fijamente al centro de una pantalla donde aparecen puntitos de luz en diferentes zonas. Si se ve un puntito, se debe pulsar un botón; si no, no se pulsa.
El resultado se muestra en un dibujo donde:
Los puntos negros indican zonas donde el paciente no ha visto la luz (llamadas manchas ciegas).
Los puntos blancos o claros son las zonas donde la visión es normal.
Colaboración del paciente: Si la prueba no se realiza bien, por cansancio o falta de atención, los resultados pueden no ser fiables. Por ejemplo, el “pulsador feliz” es cuando el paciente pulsa sin que aparezcan luces, lo que puede dar resultados incorrectos.
Patrones típicos:
Patrón en trébol: Cuando el paciente se cansa, suele pulsar bien al principio (zona central) y luego no en la periferia.
Defectos periféricos o artefactos: Pueden deberse a párpados caídos, gafas mal colocadas o mala posición durante la prueba y no indican problemas reales.
Escotoma arciforme: Zonas negras en forma de arco que suelen aparecer en el glaucoma y empiezan cerca de la mancha ciega, extendiéndose hacia la periferia.
Escotoma paracentral o central: Defectos en la visión cercana al centro, que afectan más la visión y requieren seguimiento estrecho.
Cuadrantanopsias y hemianopsias: Defectos en un cuarto o mitad del campo visual, suelen deberse a lesiones neurológicas.
El campo visual depende mucho de la colaboración del paciente, por eso se suelen repetir varias veces para confirmar si hay una verdadera evolución, ya sea mejora o empeoramiento.
Un índice llamado VFI (Índice de Función Visual) nos muestra, en porcentaje, cuánto ve el paciente en la periferia.
Si el VFI baja con el tiempo, indica que la visión está empeorando.
Si sube, es posible que el paciente esté mejorando gracias al tratamiento o que haya aprendido a hacer la prueba mejor.
En nuestra clínica queremos ayudarte a reconocer cuándo una situación ocular requiere atención urgente y cuándo puedes esperar a una revisión con tu oftalmólogo o optometrista. Actuar a tiempo puede evitar complicaciones y preservar tu visión.
Cuándo acudir de inmediato a urgencias:
Pérdida súbita o muy rápida de visión en uno o ambos ojos.
Dolor intenso en el ojo que no mejora con analgésicos, especialmente si va acompañado de enrojecimiento.
Ojo rojo con secreción abundante o supuración, sobre todo si notas inflamación alrededor.
Herida o golpe fuerte en el ojo o en la zona alrededor del ojo.
Entrada de un cuerpo extraño en el ojo que no puedas retirar con lágrimas o lavado.
Destellos de luz, muchas “moscas volantes” o sombra/velo que tapa parte de la visión de forma brusca.
Doble visión repentina, caída de párpado o desviación de un ojo que aparece de forma súbita.
Sensación de tener arena o quemazón muy intensa y continua en el ojo.
Cuándo no es urgente, pero debes pedir cita pronto:
Molestias leves oculares que no mejoran en pocos días.
Visión borrosa gradual o cambios en la graduación de tus gafas.
Ojos secos o irritados persistentes.
Lagrimeo o enrojecimiento sin dolor intenso ni pérdida de visión.
Molestias oculares tras el uso de lentillas.
Párpados inflamados o irritados de forma leve o moderada.
Recuerda: Ante cualquier duda, es mejor consultar para evitar complicaciones. En nuestra clínica estamos preparados para atender urgencias o derivarte al servicio adecuado si fuera necesario.
El estrabismo es la falta de alineación de los ojos, que puede aparecer en la infancia o en la edad adulta. Produce visión desviada, pérdida de visión binocular y en algunos casos visión doble. En el Instituto Nacional de la Visión ofrecemos tres tratamientos principales, que se adaptan a cada paciente según el tipo de estrabismo y su evolución:
La cirugía de estrabismo corrige la posición de los músculos oculares para alinear los ojos. El objetivo es equilibrar la fuerza de los músculos que mueven el ojo hacia dentro, fuera, arriba o abajo. Se realiza en quirófano y suele ser una intervención segura y eficaz, especialmente en casos en los que otros tratamientos no son suficientes.
La inyección de toxina botulínica es un tratamiento mínimamente invasivo que debilita de forma temporal el músculo ocular que está demasiado fuerte. Durante ese tiempo, el músculo contrario se refuerza, logrando que el ojo quede alineado de manera más duradera.
Se utiliza con frecuencia en niños pequeños, en estrabismos de reciente aparición, variables o asociados a problemas neurológicos (como parálisis cerebral). Es un procedimiento sencillo y seguro, que en algunos casos evita o retrasa la cirugía.
La terapia visual consiste en un programa de ejercicios personalizados para enseñar a los ojos y al cerebro a trabajar juntos. Suele realizarse después de la cirugía de estrabismo o en combinación con otros tratamientos, mejorando la coordinación ocular y la recuperación visual.
Diversos estudios muestran que los resultados son mejores cuando la cirugía se combina con terapia visual, especialmente en niños.
La miopía es un defecto visual que provoca visión borrosa de lejos. En los últimos años, su frecuencia ha aumentado en niños y adolescentes, y cada vez es más importante aplicar tratamientos que no solo corrijan la visión, sino que también ayuden a frenar su progresión.
En el Instituto Nacional de la Visión ofrecemos diferentes opciones adaptadas a cada paciente:
Las gafas bifocales combinan dos graduaciones en la misma lente: la parte superior para ver de lejos y la inferior para leer o mirar de cerca. En algunos casos de miopía infantil, se utilizan para reducir el esfuerzo visual en tareas de cerca y ayudar a controlar la progresión de la miopía.
La ortoqueratología consiste en el uso de lentes de contacto rígidas especiales que se colocan por la noche mientras el paciente duerme. Estas lentes moldean la córnea de manera temporal, de modo que durante el día se puede ver bien sin necesidad de gafas ni lentillas. Además de corregir la visión, la orto-K ha demostrado ser eficaz en el control de la progresión de la miopía en niños y adolescentes.
La atropina en colirio (a concentraciones muy bajas) es un tratamiento que ha demostrado frenar la progresión de la miopía infantil. Se aplica bajo control oftalmológico y suele combinarse con revisiones periódicas y otras medidas para el cuidado de la salud visual.
La catarata es la pérdida de transparencia del cristalino, la lente natural del ojo que nos permite enfocar. Cuando el cristalino se vuelve opaco, la visión se vuelve borrosa, se pierde nitidez y aparecen síntomas como deslumbramientos, dificultad para leer, conducir o reconocer caras.
Todas las personas desarrollarán cataratas si viven lo suficiente, pero no todas necesitan operarse al mismo tiempo. La cirugía se recomienda cuando la catarata interfiere en la calidad de vida, es decir, cuando la visión ya no permite realizar actividades cotidianas como leer, conducir o ver la televisión.
La operación de cataratas es un procedimiento seguro y eficaz. Consiste en extraer el cristalino opaco y sustituirlo por una lente intraocular transparente, adaptada a las necesidades visuales de cada paciente.
La intervención se realiza normalmente con anestesia en gotas y no requiere ingreso hospitalario. La recuperación visual suele ser rápida.
En función de cada caso, se pueden implantar diferentes tipos de lentes:
Monofocales: permiten ver bien de lejos, pero requieren gafas para cerca.
Bifocales: mejoran la visión de lejos y a media distancia (ordenador), con menos necesidad de gafas.
Trifocales: ofrecen buena visión de lejos, intermedia y cercana, reduciendo la dependencia de gafas.
En la mayoría de los casos, la cirugía de cataratas no es urgente. La catarata suele evolucionar lentamente, por lo que el oftalmólogo valorará el momento adecuado para la intervención. Retrasarla demasiado puede complicar la cirugía, por eso es importante seguir las recomendaciones médicas.
La retina es la capa del ojo encargada de captar la luz y enviar la información al cerebro. Cuando se ve afectada por alguna enfermedad, la visión puede deteriorarse de forma progresiva. En el Instituto Nacional de la Visión ofrecemos un abordaje especializado para patologías como la degeneración macular, la retinopatía diabética y problemas de párpados asociados a parálisis cerebral infantil.
La degeneración macular es una enfermedad que afecta a la parte central de la retina (mácula), encargada de la visión nítida y de los detalles. Puede producir visión borrosa, dificultad para leer o reconocer caras y, en fases avanzadas, pérdida de la visión central.
El diagnóstico precoz es fundamental, y existen tratamientos que ayudan a frenar su progresión y mejorar la calidad de vida del paciente.
La retinopatía diabética es una complicación frecuente de la diabetes. Se produce cuando los vasos sanguíneos de la retina se dañan, lo que puede provocar hemorragias, visión borrosa o pérdida visual.
Con revisiones periódicas y un control adecuado de la diabetes, es posible detectar a tiempo los cambios en la retina y aplicar tratamientos como láser o inyecciones intravítreas para preservar la visión.
En niños con parálisis cerebral, los párpados pueden presentar alteraciones en su movilidad, lo que dificulta la apertura o el cierre normal de los ojos. Esto puede afectar al desarrollo visual y a la calidad de vida del paciente.
En nuestra clínica realizamos un diagnóstico especializado y ofrecemos soluciones adaptadas para mejorar la función de los párpados y proteger la visión de los más pequeños.
La neuritis óptica es una inflamación del nervio óptico, el “cable” que conecta el ojo con el cerebro y transmite la información visual. Cuando se inflama, la visión se ve afectada.
Pérdida de visión en un ojo (a veces repentina o progresiva).
Dolor ocular, sobre todo al mover el ojo.
Alteración en los colores, que se ven más apagados o diferentes.
Mayor sensibilidad a la luz o visión borrosa.
Estos síntomas suelen aparecer en personas jóvenes y generan preocupación, pero en muchos casos la recuperación es posible.
Para diagnosticar la neuritis óptica, el oftalmólogo realiza una revisión completa de la visión, pruebas de campo visual, fotografías del nervio óptico y, en ocasiones, estudios de imagen como la resonancia magnética. También pueden solicitarse análisis de sangre para descartar enfermedades autoinmunes o infecciosas.
El tratamiento depende de la causa. En algunos pacientes la visión mejora de forma espontánea, mientras que en otros es necesario administrar medicación (como corticoides) para acelerar la recuperación. El seguimiento médico es fundamental para evitar complicaciones y valorar la evolución.
En el Instituto Nacional de la Visión contamos con especialistas en oftalmología infantil y en patologías del nervio óptico. Si notas pérdida repentina de visión o dolor ocular, es importante acudir cuanto antes a una revisión para obtener un diagnóstico preciso y un tratamiento adecuado.
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