Control de la miopía: mucho más que poner una gafa
La miopía se ha convertido en uno de los mayores retos de salud visual de nuestro tiempo. Actualmente, alrededor del 19% de los niños españoles de entre 5 y 7 años son miopes, y las previsiones indican que esta cifra podría superar el 30% en 2030 si se mantiene la tendencia actual. Además, los expertos estiman que para 2050 una de cada dos personas en el mundo será miope.
Pero el verdadero problema no es solo necesitar gafas para ver de lejos. La miopía suele aumentar durante la infancia y la adolescencia, y cuanto mayor es la miopía alcanzada al finalizar el crecimiento, mayor es el riesgo de desarrollar enfermedades oculares potencialmente graves a lo largo de la vida, como desprendimiento de retina, glaucoma, maculopatía miópica o catarata precoz.
Por eso hoy sabemos que no basta con corregir la visión. Es fundamental intentar frenar la progresión de la miopía.
No todos los tratamientos ofrecen los mismos resultados. En el Instituto Nacional de la Visión trabajamos exclusivamente con estrategias de control de miopía respaldadas por la evidencia científica y recomendadas por organismos internacionales especializados en esta materia.
Entre las opciones terapéuticas disponibles se encuentran:
También existen nuevas terapias basadas en luz roja de baja intensidad que están despertando un gran interés en la comunidad científica. Sin embargo, consideramos que aún son necesarios más estudios que permitan confirmar plenamente su seguridad y eficacia a largo plazo antes de incorporarlas de forma rutinaria a la práctica clínica. En la actualidad, este tratamiento no está autorizado en España.
El éxito del control de miopía no depende únicamente del tratamiento elegido. Antes de recomendar cualquier intervención es imprescindible realizar un examen visual completo que permita conocer no solo la graduación actual del niño, sino también cómo está funcionando su sistema visual, cuáles son sus factores de riesgo y qué posibilidades de evolución presenta.
Cada niño tiene unas necesidades diferentes, una edad distinta, unos hábitos visuales propios y un ritmo de progresión particular. Por ello, el tratamiento debe ser individualizado.
El control de miopía es un proceso dinámico. Una vez iniciado el tratamiento, es necesario realizar revisiones periódicas para valorar la evolución de la graduación, controlar el crecimiento ocular y comprobar que la estrategia elegida está ofreciendo los resultados esperados.
Un seguimiento adecuado nos permite actuar a tiempo si la progresión no se está frenando de forma suficiente y adaptar el tratamiento cuando sea necesario.
Elena García Rubio lleva más de tres décadas dedicada a la optometría pediátrica y al cuidado de la visión infantil. Es una de las profesionales españolas con mayor experiencia en adaptación de lentes de contacto para niños y en control de miopía, trabajando con Orto-K desde 1996 y con lentes de contacto blandas para control de miopía desde 2013. Además, es Embajadora en España del International Myopia Institute (IMI), la organización internacional de referencia en investigación, educación y manejo clínico de la miopía.
Cuando corregimos la miopía con una gafa convencional, el niño ve bien, pero la miopía puede seguir aumentando año tras año. En cambio, cuando aplicamos un programa de control de miopía basado en la evidencia científica, nuestro objetivo es reducir la velocidad de progresión y ayudar al niño a llegar a la edad adulta con una graduación menor.
Cada dioptría que conseguimos evitar hoy puede representar un menor riesgo de problemas visuales en el futuro. Porque controlar la miopía no consiste únicamente en que los niños vean bien ahora, sino en proteger la salud de sus ojos para toda la vida.
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